UN GAY PERFECTO
Crónicas de la Vida Gay en Santiago de Chile.
lunes, 23 de enero de 2012
84 CURIOSIDADES
martes, 22 de noviembre de 2011
83 UN POCO MÁS BAJO LA PIEL
viernes, 21 de octubre de 2011
82 MIENTRAS DUERMES
martes, 20 de septiembre de 2011
81 UN DÍA DE MARCHAS
lunes, 19 de septiembre de 2011
80 ¿QUÉ PASÓ CON JULIÁN?
Entro a ver si se mueve algo acá en el blog, y me encuentro con la misma pregunta por tercera vez en el día. Y sonrío, por tercera vez también, porque en realidad no me queda mucho más que hacer cuando pienso en eso. "Al menos te lo advertimos, Bernardo. Yo creo que eso te debe haber servido igual para no engancharte ¿cierto?. Julián es así. Un pájaro libre. Nada que hacer. Tiene sus razones y uno tiene que entenderlo sin preguntarse mucho, en realidad".
Y era cierto. Roberto, y Ricardo y Román, y todos los demás, cada uno a su manera, me había dejado entender que en los terrenos de Julián es muy poco probable que alguien eche raíces. Es muy poco probable que frutos crezcan en sus fronteras; porque así lo dice su historia, porque hay gente que lo conoce desde hace mucho tiempo, y porque ese mismo tiempo les ha dado la razón.
"¿Sabes lo que encuentro tonto, Roberto? Que nuestro tema no se terminó en mala, ni nada. Al contrario. Yo sentía que teníamos las cosas claras entre los dos, como para seguirnos juntando como buenos amigos y listo. Si al final, ni yo le causaba nada más que confianza a él, ni él ya me movía el piso. La cosa se enfrió y punto ¿Y qué hay de malo en eso?". Yo al menos trataba de entender cuáles pueden ser los elementos que hoy en día fundamentan la decisión de Julián para no aparecer más entre nosotros. Al fin y al cabo, él es amigo de Roberto y Román, y la Araña y todos los demás, como para pensar que se va a poder borrar del mapa sin que nos veamos más porque este asunto no funcionó. Y además....¿para qué?. Y además...¿por qué?
Decidimos con Roberto hacer la inauguración del departamento, al fin. Y como mi compañero de departamento se emparafina con facilidad, prendió en seguida con los preparativos."¡Cuarenta invitados! Roberto ¿y dónde piensas meterlos en un departamento de 2 dormitorios? No cabe tanta gente acá, estamos sonados. Olvídalo". "Amigo, si ya tengo todo listo. Arrendé el salón de eventos del edificio. Así que partimos con un brindis acá en el depa, y después bajamos al primer piso. Yo voy a tener todo preparado para cuando lleguen las locas, amigo. Va a salir todo reeeeeegio, Bernardo. Tú preocúpate de la pura música nada más". "¿Y si pasamos videos, entonces, en vez de poner solamente música? Nos conseguimos un proyector y yo me encargo de buscar videos top en internet. ¿Cómo estaría?".
Armamos la cosa y en menos de lo que terminamos de decir "upa", la chalupa de colibríes ya estaba llegando con trago en mano a la primera fiesta en grande en nuestra casa. Nuestra inauguración. El precedente de lo que serán en adelante nuestros encuentros mariposones en el piso 11 del edificio Fusión. Nuestro rincón de brujas, la esquina de los buenos momentos, la casa de la libertad. Al menos de esa libertad que yo venía buscando, hace rato.
"¿Estas en tu casa ya?". "Chuta Julián, todavía no, pero Roberto debe estar allá. Dijo que se venía temprano de la pega para organizar lo de la noche. Yo todavía no me puedo desocupar de acá". "Ah. Es que conseguí el proyector y quería irme para tu casa ya, y ayudar en algo si se necesita". "Roberto está allá. Anda no más. Yo llego más tarde, pero te pasaste con lo del proyector, porque sin eso Julián, no hay fiesta".
Tengo en la memoria que esa fue la última vez que hablamos por teléfono. Y fue justamente así. Corto y preciso. Primero, porque yo estaba todavía estancado en la oficina tratando de terminar de mala manera unos informes de último minuto que siempre me caen en los momentos menos apropiados. Y segundo, porque en esa tónica se estaban dando nuestras conversaciones ya, desde hacía un buen tiempo. Sin segundas lecturas. Con la simpleza y la limpieza de dos amigos que se dicen lo que se tienen que decir, sin recovecos y en lo meramente preciso. Y entonces ¿por qué tendría que haberme preocupado ahora un poco más que ayer de lo que tenía que responderle a él? ¿Por qué iba a suponer que esta noche traía sorpresas bajo la manga?
"Amigo. Yo te quiero mucho a ti, aunque nos conozcamos desde hace poco tiempo. Me he dado cuenta de que eres un weón super emocional, y no quiero que sufras ¿vale? Y no te voy a decir quién ¿ya? pero hay gente que te puede hacer sufrir ¿Me estás escuchando?".Ricardo, la araña, está más que en escabeche, cuando me acerco para acompañarlo un rato en el rincón del patio en el que ahora intenta replegar su borrachera. No está en coma, pero tiene suficiente combustible como para regresarse caminado a su casa en Maipú, y yo me sonrío en mi completa sobriedad. "Araña, amigo, créeme. Tengo todo controlado. Sé de lo que estás hablando, pero esta cosa va piano piano, y tengo claro lo que tengo que hacer. Acá nadie va a terminar llorando por nadie ¿vale?". "Vale. ¿Y te puedo pedir una cosa más, amigo?...No me digas más Ricardo, me carga. Tú dime Nino, como me dicen mis amigos ¿vale?". "Vale, Nino. Y ahora termínate el vino, para que bailemos un rato, Nino, ¿ok?".
Julián en el Salón mientras tanto baila un rato con la Chola, y con Roberto, y con Román y con todos los amigos que se cruzan en su camino. También está medio fiambre, porque el ponche quedó demasiado cabezón y aunque se lo dije a Roberto, no me agarró ni en bajada. Y entonces ¿me debía sorprender que la mitad de los asistentes se tambalearan como palmeras en el huracán si los tragos están como para talar bosques enteros?. ¿Me tenía que sorprender que Julián bailara como hipnotizado acercándose peligrosamente a los brazos de todos los que se movían junto a él?. Se sabe un hombre atractivo, aunque él mismo reconoce que en otros tiempo lo fue más, pero aún sigue jugando con ello. Lo aprovecha, lo disfruta, pero a su vez de momento creo que no sabe para qué. Algunos de ellos quisieran estar con él, de eso estoy seguro, pero ninguno probablemente logre alguna vez estarlo. Yo lo miro de cuando en cuando y si me genera un poco de pudor, pienso sinceramente que es mejor que no intentemos nada. Yo no quiero a alguien así de quien tener que preocuparme, si apenas me puedo hacer cargo de mí mismo. Y luego ¿se me pasará esta forma en que me gusta, a pesar de todo eso que hace justo frente a mí, y quizás precisamente, para mí? ¿Se me olvidará lo que en algún momento pensé para los dos?. Se me va a olvidar, ciertamente. Porque ya he pasado por esto y no es novedad. Y se me va a olvidar también porque conozco a los de su especie, y son gente que prevalece en la libertad.
"Yo soy malo ¿viste?. No te conviene estar conmigo, Bernardo, porque soy malo ¿ves?. Yo te voy a hacer sufrir". Me lo dice con una convicción embustera, y algo naufragada por la borgoña, pero me lo dice de corazón. "Tú no eres malo, Julián. Tú eres tú no más, eso es lo que pasa. Y sólo tú sabrás por qué haces las cosas que haces. ¿Qué te puedo decir yo?". "Pero te haría sufrir si estás conmigo. Piénsalo, porque soy malo". "Julián, no me vas a hacer sufrir, en serio. Porque sé muy bien que solamente somos amigos y nada más. Lo nuestro se trata de eso. ¿Por qué tendría yo que sufrir por ti?".
Lo miro cuando Nino lo toma de la mano, lo lleva hacia el centro de la sala y se ponen a bailar. Tengo en mi interior una mezcla entre pena y resignación. Lo sigo encontrando guapo, pero aunque lo tengo así de cerca, sé también lo lejos que sigue estando él de mí. Y es que recuerdo que cuando lo conocí pensé que a mí me gustaría estar con un hombre así, porque ya se sabe que en la superficie muchas cosas lucen mejor de lo que son en realidad un poco más hacia el interior. Y aunque reconozco que Julián no es uno de esos chicos malos que andan por ahí; tampoco es de los buenos para mí en este preciso momento, porque lisa y llanamente, él no está preparado para estar junto a nadie que lo quiera albergado en la honestidad con la que pretendía quererlo yo. Su mundo levita en otro plano, distinto al mío. Y aunque los opuestos se atraen, dicen por ahí, supongo yo que al menos deben ambos pertecener a una misma realidad; y a mí me queda claro que la realidad de Julián y la mía son completamente distintas. ¿Qué más puedo hacer al respecto, aparte de resignarme a que ni siquiera el intento vale la pena? Hay apuestas que se pierden mucho antes ya de hacerlas, y ésta era una de ellas.
"Pero ¿qué onda, amigo? Cuéntame la firme ¿Se pelearon? ¿Discutieron?". Roberto trata de entender en realidad por qué es que Julián desapareció del escenario y no aparece ni por equivocación. Pero igual que yo, no encuentra motivo aparente."¿Sabes, Roberto, qué me dijo una amiga esa noche en la fiesta?...Me dijo que pensaba que Julián era distinto de lo que se veía ahí. Que no era tan rayado". "Es que esa noche se lucieron todos, poh, weón. Si estábamos todos fiambre ¿qué otra impresión podía dar? Si hasta nosotros que éramos los dueños de casa andábamos puro dando jugo al final".
"Escribí algo en el blog que me nació del corazón, Roberto, y dice algo así como que ese era el primer día en que no pensé en Julián en ningún momento. Que las ganas que tenía antes de estar con él se han ido transformando lentamente en una flojera en la que ya me da lo mismo si me llama o no, porque ya para mí esto no va a ninguna parte". "¿Lo leyó él? Porque si lo leyó, lo destruíste, amigo. Te lo doy firmado". "No sé si lo leyó, pero aunque no lo lea, lo importante es que eso realmente lo que estoy sintiendo. Sin fraudes ni dramatismos. Esto es algo que simplemente ya pasó".
Pero lo leyó, claro está, porque estaba en facebook cuando le comenté que había publicado algo nuevo y después de eso...nada. Después de eso, ni el teléfono ni la mensajería. Pero aún sigo pensando ¿por qué es que la verdad le duele a menudo tanto a las personas cuando se encuentran de frente con ella? ¿Por qué es que nos cuesta tanto asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos? ¿Por qué es que esperamos que todo resulte más fácil de lo que realmente sabemos que es?
"Lo loco de todo esto es que no terminamos ni enojados, ni en mala, ni enamorados, ni nada. Yo estoy aquí mismo donde estuve siempre. Si él quiere venir a vernos ¿qué le voy a decir? ¿Le voy a reclamar algo, o le podría decir siquiera que eso no se hace? Weón, esto es absurdo, porque en algún momento nos vamos a tener que encontrar, acá mismo, o en la casa de David, o en la del Nino, o donde sea, y eso es lo más tonto. Es peor así, amigo, porque después le va a costar más volver. Si de verdad te digo que yo no estoy en mala onda con él. Es nada más que todavía no puedo entender cuál es la lógica con la cual él mira la vida, pero es su volada y no la mía y sería. ¿Qué se puede hacer sobre eso?. Es un tipo raro Julián, pero no es mala persona. Y en el fondo de verdad me da lata que se haya desaparecido". "¿Lata o pena?". "Es como un poco lo mismo ¿o no?". "No poh. La lata al final no te deja pensando. La pena en cambio, te da vueltas en la cabeza". "Pena, entonces. Pero con una tendencia grosera a convertirse en lata". "Ah. Ok". "Mmmm...."."Oye, y ¿quién es Nino?". "¿Nino?". "Dijiste que incluso en la casa de Nino se podían topar de repente con Julián". "Ah, Nino es Ricardo, la araña". "¿Y por qué Nino? ¿De dónde sacó eso?". "Anda a saber tú, amigo, pero la cosa es que Ricardo no le gusta y al parecer los amigos más cercanos le dicen así. Debe ser algo como de la juventud, o de niño que le dicen Nino. Pero Nino al final, es la Araña ¿ok?". "¿Nino? ¿Nino? Qué raro, porque su nombre tampoco da para eso. Ricardo, Ridardino, Ricarnino. ¿No suena a eso o sí?". "No sé, Roberto. No sé de verdad. Después le preguntamos, mejor".
Nos tomamos el último residuo de la botella de ron que sobrevivió de la inauguración, y nos preparamos para conducir hasta Divino. Vamos en el auto de Javier esta vez, y con Gonzalo ya nos están esperando en su casa, desde hace rato. Pero ¿la verdad? yo no tengo mucha prisa esta vez. Esta vez dejaré que las cosas se vayan manejando sólas, como todos deberían dejar que sucedan todos los eventos en esta vida.
"¿Y qué onda Gonzalo? ¿Por qué se fue donde Javier tan temprano y no nos esperó, si vive acá al frente?". "Hay onda ahí, parece, amigo. Eso es lo que pasa". "¡Mentira! ¿Gonzalo y Javier? ¡Mentira!". "Parece. Así que apurate, para que los webiemos. Mira que esos se deben estar pescando vivos, sino que rato que ya nos hubieran llamado". "Hasta que lo vea, no lo voy a poder creer, Roberto. Yo vi a Javier primero ¿y se lo termina comiendo él? ¿Ves que esta vida no es justa, amigo? ¿Ves qué no es justa?".
Miro por el retrovisor, porque nuevamente voy yo al volante en el auto de Javier; y los veo a los dos muy cerquita en asiento de atrás. Me sonrío y Javier alcanza a captar ese guiño mío en la esquina del espejo y también se sonríe. Sabe lo que estoy pensando, pero yo me hago el soberano idiota, porque no me conviene para nada. Sé que se están revolviendo los recuerdos. Sé que se va a acordar de cosas. Y entonces, diapara: "Oye, Bernardo, ¿te puedo hacer una pregunta?". Le levanto una sola ceja que rebota potente en el retrovisor, pero no doy en el blanco como para matarlo justo a tiempo. "¿Qué pasó con Julián?". Ya. Me quieren webiar parece. Se me arranca una carcajada y no alcanzo a responder nada. "Ya,me queda claro", dice Javier, y se cierra con eso toda posibilidad de explicación.
Algunas cosas entre nosotros se responden sólas, después de todo, y otras las contesta una sonrisa. La mayoría, sin embargo, permanencen en la incertidumbre, a la espera de que alguien se convenza de que muchas veces en nuestra propia vida no hemos terminado las cosas como se debe hacer.